Huellas de chocolate. Capítulo 1

“HUELLAS DE CHOCOLATE”

Episodio 1: “PRESENTIMIENTOS DE CHOCOLATE”

Cuando Lucía Fontana tenía un presentimiento éste solía ir acompañado de unas tremendas ganas de comer chocolate. Onzas, crema de cacao, magdalenas rellenas, napolitanas, bizcochos, batidos… cualquier alimento susceptible de albergar chocolate en sus entrañas era suficiente para aplacar esa sensación de aguijoneo en el estómago que Lucía llamaba “presentimiento”. Le había sucedido con su primer trabajo, cuando intuyó que se lo iban a dar: dio cuenta de una porción de tarta de chocolate y trufa, con una suave base de bizcocho y un toque a yema tostada y, apenas se había deleitado con aquel pedazo de paraíso, el jefe de personal la llamó al móvil para decirle que estaba contratada.

También le sucedió la mañana de su boda cuando presintió que alguno de los invitados daría la nota y, mientras apuraba una taza de delicioso y humeante chocolate a la taza (evitando por todos los medios que alguna gotita oscura salpicara su vestido de novia de corte imperio), su futura cuñada abrió la puerta de la habitación, enfundada en un ceñidísimo y escotado traje rojo  y con más maquillaje en la cara que la pasarela Cibeles: “La persona que iba a dar la nota”.

Presentimientos y chocolate. Esas habían sido las constantes en la vida de Lucía. Y aquella mañana, mientras se dirigía a una importante reunión de trabajo, sintió ese pequeño gusanillo en el estómago. Rebuscó en su bolso y encontró una bolsita de plástico con mini napolitanas de chocolate.

-Mamá, ¿me das una?

-No, Jimena, ya te he dado tres, te vas a poner mala del estómago- dijo Lucía, agarrando a su hija de siete años, para cruzar la calle. Habían dado fiesta en el colegio y  ni los abuelos ni la canguro habían podido hacerse cargo de su hija, así que, Lucía tuvo que llevársela a la oficina. Sabía que a su jefe, el Sr. Ruiz,  no le haría ninguna gracia, pero ¡qué caramba!, al fin y al cabo Lucía era una de sus mejores empleadas y sus campañas de publicidad habían engordado las cuentas de la empresa con suculentos beneficios.

-¡Por favor, mamá!- rogó la nena mirándola con los ojos muy abiertos- sólo una…

-Ya te he dicho que no, después de la reunión ¿vale?. Mamá tiene que presentar un proyecto muy importante así que te quedarás en el  despacho y te portarás bien- Le dio pena no darle otro bollito más a su hija. Jimena había heredado los ojos azules de su padre pero el cabello rubio oscuro y la debilidad por los dulces de su madre.

Nada más llegar a la oficina, la joven fue interceptada por uno de sus compañeros de trabajo, Óscar.

-Hola Lucía, veo que vienes acompañada- dijo con una sonrisa artificial-¿a quién tenemos aquí?, ¡a la pequeña Jimena!, ¿cuántos años tienes ya? ¿seis?-

-El mes que viene cumplo ocho-

Óscar reprimió una mueca de disgusto. Era la típica persona que no estaba acostumbrada a que nadie le llevara la contraria, y menos una niña.

-Pues pareces más pequeñita, como tu mamá. Mírala, con su coleta de caballo y su trajecito color vainilla parece recién salida de la Universidad, pero claro, tu mamá ya no es una colegiala, ¿verdad Lucía?, ¿cuántos tienes ya?- Óscar hizo una pausa para observar el rostro de Lucía que estaba adquiriendo un rubor rojizo- ya has pasado la barrera de los treinta ¿verdad?-

Lucía ya estaba acostumbrada a las groserías de Óscar y sabía que éste trataba de ponerla nerviosa antes de la reunión. Siempre era así: cada vez que había un proyecto importante entre manos aquel tipo de ojos verdosos y pelo negro, peinado para atrás con gomina, se las arreglaba para debilitar a sus contrincantes con sus palabras venenosas.

Maite, la secretaria de Lucía, decía que era un vampiro, pero no como el bueno de Edward, el de “Crepúsculo”, y no le faltaba razón: Óscar se lanzaba al cuello de cualquiera con tal de conseguir sus propósitos.

-Si no te importa, tengo que subir arriba, la reunión va a empezar dentro de cuarto de hora- respondió Lucía con voz neutra. Al coger la mano de su hija se dio cuenta de que ésta miraba a Óscar con recelo y miedo- Vamos, Jimena, que Maite va a cuidar de ti durante un ratito-

Óscar, que jugueteaba, divertido, con su llavero de oro macizo que ganó en un campeonato de paddle, tocó suavemente el hombro de Lucía cuando ésta se disponía a marcharse.

-Siempre he dicho que trabajar y llevar una familia es toda una proeza, ¿no has podido dejar a la nena con tu marido?-

-Juan está de viaje- contestó Lucía y sin darle tiempo a que reaccionara, cambió de tema- ¿ha llegado ya el cliente?

-Sí, y hoy decidirá con cuál de los proyectos se queda: el mío, el de Elsa o el tuyo… por cierto, ¿lo has traído?

-Sí, por supuesto-

-En el pendrive supongo- Óscar la miró fijamente.

-En el pendrive y en las transparencias- Lucía le miró extrañada- ¿por qué lo preguntas?

-No, por nada- dijo esbozando una sonrisa de lobo y guardándose el llavero en el bolsillo del pantalón- es que con tantas cosas que tienes en la cabeza, con la cría, el marido, la casa, es normal que a veces se te olvide algo. El estrés no es bueno, Lucía, recuérdalo- y haciendo una inclinación de cabeza a la madre y guiñando un ojo a la  hija se fue por los pasillos.

Lucía lo observó durante unos momentos y sintió un nudo en el estómago. Echó mano de una de las mini napolitanas de chocolate de su bolso, tratando de mitigar el malestar que sentía, y se dirigió con su hija a su despacho, en el tercer piso. Cuando llegaron, Lucía  dejó el bolso y la cartera y se dirigieron a la sala contigua ocupada por su secretaria, Maite.

-Buenos días, Maite, me gustaría que cuidaras de Jimena un rato en tu despacho, sólo mientras dura la reunión. Espero que no te cause ningún trastorno-

Maite, una simpática pelirroja con gafas, besó a la pequeña en el moflete.

-Será un placer cuidar de ella- entonces se volvió a la madre y observó su cara pálida- Has visto a “Drácula” ¿verdad?-

-Sí, y como siempre, tan amable…-

-Lo siento, por cierto, tienes una llamada de recepción. María Antonia quiere hablar contigo, dice que no encuentra el fichero de clientes y que tú lo consultaste la última vez-

Lucía resopló de indignación.

-Esa mujer es insoportable. ¡Si ella no es capaz de organizar su mesa y encontrar sus cosas no es problema mío!. Además, yo no fui la última en consultarlo, fue Óscar-

-Estoy segura, pero ya sabes lo amiguitos que son- dijo Maite con cierto retintín en la voz y luego añadió en un tono conspiratorio- No sé qué se traman estos dos hoy. Cuando llegué hace una hora les vi muy ocupados hablando, y al verme, se interrumpieron. Ten cuidado, no me gustó nada la expresión de sus caras-

-Bueno, pues iré a verla después de la reunión-  decidió Lucía. En ese momento sonó su móvil- ¿sí?, si María Antonia, ya me ha dado el recado Maite, pero yo no fui la última  que… -Lucía puso los ojos en blanco mientras oía la perorata chillona de la recepcionista- está bien, ahora bajo- colgó de mala uva y miró a Maite- Sólo dos minutos, ¡no pienso concederle más tiempo a esa arpía!-

Maite se quedó con la niña y  Lucía bajó a recepción a  hablar con María Antonia. Mientras bajaba las escaleras le vino a la mente la imagen de un huevo de pascua, de envoltura preciosa, sabor suave y con un tesoro en su interior… aunque, en ocasiones, lo que se escondía en sus entrañas era un objeto feo e inservible que tenía que acabar tirando a la basura. Lo que se ocultaba en un huevo de pascua era como el azar: podía depararte sorpresas agradables o amargas…

Y cuando se encontró cara a cara con María Antonia, le vino un sabor amargo a la boca, como si se hubiera comido una galleta rancia.

María Antonia, un híbrido de mujer y silicona con el mal carácter de la asistenta de “Cámera Café”, la estuvo mareando con quejas y formularios, todo ello aderezado con palabrotas que habrían hecho enrojecer a la afición de un equipo de fútbol.

Mirando su reloj, Lucía dio por terminada la charla, le dijo a María Antonia que lo arreglaría después de la reunión y se marchó a paso rápido. Si se hubiera dado la vuelta habría visto a la recepcionista sonriendo maliciosamente, como quien ha realizado bien su “trabajo”, mientras enviaba un sms con su móvil.

[CONTINUARA]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *