Huellas de chocolate. Capítulo 2

“HUELLAS DE CHOCOLATE”

Episodio 2: UNA SORPRESA AMARGA

Eran las diez y cinco. ¡Maldición!, la reunión era a las diez y María Antonia la había entretenido más de lo debido.

Lucía llamó al ascensor. La Sala de Juntas donde debía celebrarse la reunión estaba en el quinto piso. Al abrirse las puertas, Lucía se encontró con el Sr. Balmaseda, el cliente.

-Lucía, ¡menos mal que te veo!. Pensé que me había equivocado de día con la reunión-

-¿Por qué?

-Porque vengo de la Sala de Juntas y no hay nadie. Ni tu Jefe, el Sr. Ruiz, ni Óscar, ni Elsa, ni tú. ¿Sucede algo?-

-Lo siento mucho Sr. Balmaseda…

-Paco, por favor, tutéame, que ya nos conocemos desde hace tiempo- el Sr. Balmaseda tenía una empresa de cereales y había confiado sus últimas campañas a la agencia donde trabajaba Lucía. A ella le caía bien. Era un hombre simpático, entrado en los cincuenta, recio y con barba. Su olfato para los negocios se combinaba con una campechanía y don de gentes que le hacían ser muy estimado por sus empleados.

-No sé dónde estarán los demás- se disculpó ella- yo por mi parte, le pido perdón por el retraso, unos asuntos me han entretenido más de la cuenta, pero ahora mismo me dirigía a la Sala de Juntas-

– Tengo ganas de ver tu proyecto, me gustó mucho la anterior campaña que hiciste para mis cereales con chocolate, no como la de Óscar. No sé cómo será personalmente, ni me importa, pero a nivel profesional me parece muy agresivo, y eso no va con mi filosofía del negocio…- el cliente se interrumpió al ver una mueca de fastidio en Lucía- ¿te ocurre algo?

-¡Ay, Paco!, que con las prisas me he dejado el proyecto y las transparencias en el despacho, subo enseguida a por ellas-

-No te preocupes-

Lucía se metió en el ascensor. Le ardían las orejas. No sólo llegaba tarde a la reunión sino que además se había olvidado el proyecto en el bolso. Afortunadamente el Sr. Balmaseda era comprensivo, pero, ¿qué era eso que había dicho de que nadie se había presentado a la Sala de Juntas?. Su jefe y sus compañeros siempre eran puntuales, y a Óscar le había visto cuando llegó a la oficina. Respecto a Elsa, no la había visto, pero sabía que no se perdería la reunión de hoy por nada del mundo. Elsa era una ambiciosa, como Óscar, y deseaba escalar rápidamente en la empresa.

Las puertas del ascensor se abrieron, y ya camino de su despacho se chocó, precisamente, con su compañera.

-¡Lucía!- exclamó Elsa con sus ojos de gata muy abiertos- No esperaba verte aquí… quiero decir, que pensé que ya estarías en la reunión-

-Yo también pensé que tú estarías allí- respondió Lucía mientras observaba, curiosa a su compañera. Llevaba la camisa arrugada y con su moño desaliñado parecía una Amy Winehouse en versión ejecutiva. ¡Qué raro!. Elsa era la sofisticación por excelencia, una mujer con nervios de acero, nada parecida a la persona inquieta y agitada que tenía delante- Me he olvidado el proyecto en el despacho y venía a cogerlo- se detuvo al ver que su compañera cojeaba de un pie- ¿te has hecho daño?

Elsa soltó una risita nerviosa.

-¿Yo? ¡qué va!, me he dado un pequeño traspiés, ya ves, llevar tacones de diez centímetros tiene sus riesgos- intentó dar un paso y no pudo evitar una mueca de dolor.

-Oye, si no puedes caminar, espérame ahí sentada, recojo mis cosas y vamos juntas a la Sala de reuniones- dijo Lucía haciendo ademán de ayudarla, pero Elsa se apartó rápidamente. Había un destello de miedo en sus ojos.

-No te preocupes por mí, puedo caminar-

-Está bien, de todos modos, no te preocupes. El Sr. Balmaseda ya ha llegado pero el jefe todavía no-

-¿Leandro… perdón, el Sr. Ruiz? ya le he visto yo hace un rato- respondió Elsa. Trataba de aparentar tranquilidad pero Lucía observó cómo se secaba la palma de la mano en la falda. Se la veía inquieta y Lucía no acaba de entender por qué. Entonces Elsa, respiró hondo y recuperando la compostura, miró a Lucía con cierta condescendencia- Bueno, querida, hoy es el gran día, te deseo mucha suerte con tu campaña-

-Lo mismo te digo-

-Creo que eres una gran profesional, Lucía. Siempre me has caído bien, tan sencilla, tan dulce… nunca has tratado de jugármela, y eso es algo que no olvidaré en el futuro. Sigue así, y, en su momento, ya hablaremos de nuevos proyectos…- Elsa esbozó una sonrisa empalagosa y se metió en el ascensor dejando a Lucía boquiabierta.

¿De qué demonios estaba hablando Elsa? ¿del proyecto de publicidad? ¿o de algo más importante?”. Por un momento Lucía tuvo la sensación de que Elsa se traía algo entre manos, pero ¿a qué venía tanto secretismo?¿y por qué la hablaba con esa superioridad, como si fuera su jefa?. “Leandro… perdón el Sr. Ruiz”. Elsa se había sonrojado al hablar de su jefe.

Demasiados interrogantes pero, ahora, lo más importante era coger su pendrive y sus transparencias y volar a la Sala de Juntas para exponer su proyecto.

Entró en su despacho rápidamente y, al encender el interruptor, se le hizo un nudo en la garganta.

Miró a su alrededor.  La lámpara Tiffany de su escritorio estaba tirada en el suelo, hecha añicos, y su mesa… ¡su mesa estaba revuelta!. Corrió hacia su silla donde había dejado el bolso y el maletín y los encontró abiertos…

Rebuscó con ansiedad en su interior pero sus transparencias y su pendrive habían desaparecido…

¡Alguien la había robado!.

[CONTINUARA]

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