Huellas de chocolate. Capítulo 3

“HUELLAS DE CHOCOLATE”

Episodio 3: “SOSPECHOSOS A LA CARTA”

“Calma, Lucía, tranquila, no pasa nada, esto no es una película americana, aquí no hay robos, ni conspiraciones ni nada por el estilo” se decía la joven mientras vaciaba el contenido del bolso en la mesa, inútilmente. No había rastro de su proyecto de publicidad.

Se sentó en la silla y dejó caer la cabeza entre las manos. Lo sabía. Sus presentimientos nunca fallaban. Le vino el sabor del chocolate amargo, ese que con un 90% de cacao sabe más a tierra que a otra cosa. Aquello era muy desagradable, ¡aquello era un robo!. El proyecto en el que había invertido tanto tiempo se había esfumado…

De la ansiedad pasó a la desolación y de la desolación a la ira y, sin darse tiempo a autocompadecerse, salió disparada hacia el despacho contiguo de Maite, donde encontró a su secretaria, agobiada, atendiendo a un ordenanza y a varios empleados de mantenimiento por un asunto de unos ordenadores. Lucía miró a su alrededor y vio a la pequeña Jimena garabateando en unos folios, junto a su mochila de la “Bella Durmiente”. Se había puesto perdida con las ceras pero se la veía feliz.

-Hola mamá, oye… es que…-

-Ahora no, Jimena- y se volvió a Maite haciéndola una seña para que se acercara- Maite, ha ocurrido algo terrible- la dijo en un susurro- me han robado en el despacho…-

-¿QUÉ…?- la secretaria la miró horrorizada, con las mejillas pálidas- ¿qué estás diciendo?¿cuándo?-

-El tiempo que he tardado en hablar con Maria Antonia y un par de personas más y volver a mi despacho.  Lo han registrado, han destrozado mi lámpara y me han robado mi proyecto-resumió rápidamente- ¿tú no has oído nada?-

Maite se mordió el labio, culpable

-¡Ay, Lucía, no he oído nada!. Esta gente subió al despacho, poco después de irte tú, enviados por María Antonia. Se han puesto a discutir conmigo por no sé qué de un programa anti virus y no veas el follón que se ha formado… ¡y mientras tanto han robado!-

-Sí, pero ahora, lo que debo hacer es hablar directamente con el jefe- dijo Lucía con determinación- no hay tiempo que perder-

Antes de abrir la puerta de la Sala de Juntas, Lucía trató  de contener la indignación. Alguien había tratado de jugarle una mala pasada y, como si fuera Brenda Johnson, la astuta subjefa de policía de “Closer”,( y una fanática del chocolate como ella),  estaba dispuesta a desenmascarar al culpable…

Giró el pomo, entró con paso decidido y allí estaban: Paco, el cliente, que la saludó con su sonrisa campechana (aunque  Lucía no pasó por alto su ceño fruncido), Óscar, Mª Antonia (¿qué hacía allí ella?. Se suponía que la reunión sólo era para los publicistas y no para el personal administrativo) y Elsa.

Lucía había llegado a la reunión con quince minutos de retraso, pero no había sido la única. Su jefe, el Sr. Ruíz no había llegado todavía aunque, según Elsa, estaba en la oficina. Lucía tuvo que reprimir una mueca de fastidio. Le interesaba que su jefe estuviera delante cuando planteara el tema del robo de su proyecto y el que estuviera ausente no hacía más que complicar las cosas.

-Espero que todos ustedes tengan una explicación para lo que está sucediendo esta mañana- dijo Paco, cuando Lucía cerró la puerta- porque me parece una tomadura de pelo que ni siquiera el Sr. Ruiz se haya presentado. Si no quieren seguir adelante con la publicidad de mi empresa díganlo ahora y no me hagan perder más mi tiempo…

El Señor Balmaseda seguía hablando, pero para Lucía era como si hubieran bajado el volumen del televisor. Sólo veía los rostros de sus compañeros y se concentró en cada detalle que pudiera señalarla quién era el ladrón.

Óscar, la miraba furibundo y no se molestaba en disimularlo. Y María Antonia, su esbirra, parecía dispuesta a saltar sobre su cuello, como un doberman, en cuanto su amo diera la señal. Pero ¿por qué la miraban así?. Si Óscar le había robado a Lucía ¿no sería más lógico que fingiera naturalidad como si la cosa no fuera con él?. Lucía incluso entendía que mostrara regocijo y prepotencia como aquel que sabe que nadie podrá probar su culpabilidad, pero ¿ira? ¿rabia?.

Aquello era de lo más confuso.

A lo mejor ni Óscar ni Mª Antonia tenían que ver con el robo de su proyecto…

¿Y qué pasaba con Elsa?. Lucía observó que su compañera  apenas podía disimular la ansiedad cada vez que oía pasos acercándose a la Sala de Juntas. ¿Estaba Elsa tan nerviosa por el proyecto de publicidad o era el nerviosismo de quién ha robado algo?. Lucía la escudriñó atentamente y entonces reparó en que tenía la camisa mal abrochada y un solo pendiente…

“Un momento, ¿un solo pendiente?”.  Y entonces le vino a la mente la rápida conversación que había tenido con ella en los pasillos, pocos minutos antes:

“-¿A Leandro… perdón, al Sr. Ruiz? No te preocupes, ya le he visto yo hace un rato”…  “hoy es el gran día…” “creo que eres una gran profesional…”, “ no lo olvidaré en el futuro…”.

Su jefe, el Sr. Ruiz, y su compañera, Elsa… ¿juntos?. Eso quizás explicase su actitud de superioridad. ¿Pensaba quizás casarse con él?. Eso le daría un gran poder en la empresa, pero, ¿qué diría la actual esposa del Sr. Ruiz?. Elsa era de las personas a las que les gustaban los riesgos y los desafíos pero  Lucía pensaba que esta vez las cosas habían llegado demasiado lejos. De todos modos, ahora eso no le importaba lo más mínimo. Su objetivo principal era descubrir al ladrón de su proyecto y no confirmar un lío de faldas en la oficina.

Y fuera quien fuese el culpable, ¿cómo hacerlo confesar?.

En las películas todo parecía más sencillo. Un gesto, una palabra… y el culpable solía desenmascararse él solito.

Tenía que hacer algo y pronto. La mejor defensa es un buen ataque, y Lucía debía pillarlos desprevenidos, asi que decidió coger al toro por los cuernos:

-Señor Balmaseda, quiero disculparme por mi tardanza, en mi caso se trata de un desagradable asunto que ha tenido lugar en mi despacho esta mañana-

Su mirada y la de Óscar se cruzaron fugazmente, como dos gallos de pelea dispuestos a enfrentarse en la arena. Su compañero se pasó la mano, nerviosamente por el pelo: Óscar tenía miedo…

María Antonia echaba chispas por los ojos. Elsa se mordió el labio y bajó la vista.

Lucía estaba a punto de continuar cuando, de repente, se abrió la puerta de par en par y el Sr. Ruiz, un hombre menudo e irritable, a medio camino entre Louis de Funes y el malvado de “Perdidos”, Benjamin Linus, irrumpió en la Sala haciendo que todos pegaran un respingo.

-Siento comunicarles que la reunión se tiene que cancelar- dijo rápidamente con la mirada espantada como si hubiera visto un fantasma- Asuntos de máxima urgencia requieren mi atención. Lo siento mucho, Sr. Balmaseda, espero que pueda entenderlo. Más tarde hablaré con usted-

Todo sucedió muy rápido. Su jefe, agarrando fuertemente una carpeta blanca bajo el brazo y mirándola con pánico como si lo que contuviera dentro fuera más devastador que las plagas bíblicas, se giró sobre sus talones y salió apresuradamente de la Sala, seguido por  una angustiada Elsa y por un anonadado Sr. Balmaseda.  Óscar y María Antonia también salieron precipitadamente y se perdieron por los pasillos.

Y Lucía se quedó de pie, sola, en la Sala, incapaz de creer lo que había sucedido en un instante. ¿Qué le había sucedido a su jefe para anular una reunión tan importante? ¿tendría que ver con el robo?.

Un único pensamiento asaltaba una y otra vez la mente de Lucía:  “¡Se llevan mi proyecto, se llevan mi proyecto!”. El caos parecía haberse apoderado de la empresa. Ella pensaba haber hablado delante de todos, pero su oportunidad se había desvanecido cuando su jefe entró por la puerta para luego volver a desaparecer por uno de los pasillos sin dar explicación alguna.

“¿Y ahora qué?”. Sin saber muy bien qué hacer, bajó corriendo las escaleras. Debía volver al escenario del delito.

-He estado buscando por toda la estancia y no he encontrado nada- fueron las palabras de Maite cuando Lucía entró en su despacho.

-Entonces llamaré a la policía-dijo Lucía con determinación. ¿Y qué otra cosa podía hacer?- ¿Dónde está Jimena?-

-En mi despacho, jugando con las ceras-

-Bien- Lucía marcó el número de la policía. Un tono, dos tonos, tres tonos. Tapó el auricular y señaló con la cabeza la ventana del despacho- Maite, mira a ver si Óscar está saliendo del edificio-

Maite descorrió los visillos y miró a la calle. En esos momentos, Óscar y María Antonia salían corriendo hacia el coche de éste. Antes de meterse en él, María Antonia miró de reojo hacia arriba y Maite corrió las cortinas.

-¡La bruja me ha visto! ¿qué sucede Lucía? ¿son ellos los ladrones?-

Lucía la puso al corriente de lo que había observado en la reunión, mientras esperaba que la policía respondiera al otro lado del teléfono pero, viendo que no cogían la llamada, colgó y empezó a andar arriba y abajo por el despacho.

-Estarán las líneas colapsadas- dijo Maite retorciéndose las manos- Déjame intentarlo a mí-

-Bien,  yo seguiré buscando en el despacho cualquier pista- y entonces Lucía se detuvo y miró a la moqueta y luego a Maite- ¿Qué has hecho con los cristales de la lámpara Tiffany?-

-Los he barrido, y los he guardado en un cajón. Si no te fijas y te clavas uno de esos te puedes quedar coja- Maite miró a Lucía y se llevó una mano a la boca- ¡ay, qué tonta!¡he contaminado la escena del crimen!-

-Ya, bueno, ahora no se puede hacer nada- entonces Lucía se detuvo y sus ojos se iluminaron-¡Eso es!¡los cristales!¡gracias, Maite!-

-¿Qué quieres decir?-Maite tapó el auricular con una mano- ¿qué pasa con los cristales?-

-Lo de quedarse coja si te los clavas… antes de la reunión me crucé con Elsa e iba cojeando, la pregunté qué le ocurría y dijo que se había torcido el pie… ¡mentira! ¡se había clavado los cristales de mi lámpara!- Lucía estaba emocionada, las piezas iban encajando- ¡Elsa estuvo en mi despacho!-

Maite abrió los ojos como platos.

-¿Elsa es la ladrona?-

-Bueno, por lo menos, estuvo aquí- después de la euforia inicial Lucía no pudo evitar que la sombra de la duda planeara sobre su mente- es verdad que Elsa no parece la típica ladrona, ella siempre se ha creído superior a mí ¿por qué me iba a robar mi proyecto?. Sigo pensando que Óscar es el culpable…

-Puede que estén compinchados-

-¿Óscar y Elsa?- Lucía negó con la cabeza- son demasiado orgullosos los dos, ninguno aceptaría órdenes del otro- pero una cosa está clara, Elsa estuvo aquí, y se clavó los cristales de la lámpara. Probablemente la rompió ella o quizás se la encontró rota cuando entró y luego no quiso decirme nada por si yo la acusaba del robo- se llevó una mano a la frente- ¡uff! ¡qué lío! esto de jugar a Sherlock Holmes es muy complicado. Oye, ¿y la policía? ¿sigue sin contestar?-

-¡Hasta “los hombres de Paco” atenderían antes mi llamada!¡esto es una vergüenza!-bufó Maite al auricular, colgando con fuerza- esto es frustrante-

-Déjalo, no importa, creo que vamos por buen camino. Tenemos tres sospechosos: Óscar, María Antonia, Elsa, y ¡qué narices! al Sr. Ruiz también lo incluyo en la lista porque se ha comportado de una manera muy rara…

-Entonces deberías también meterme a mí- dijo Maite.

-Pero ¿qué estás…?-

-No, déjame terminar. Entiendo que sospeches de mi y no te culpo- dijo la pelirroja con resignación- al fin y al cabo, mi despacho está al lado del tuyo, y bueno, en las películas no hay que fiarse ni de los fieles colaboradores…

-¿Y para qué querrías tú mi proyecto?-

-¿Para fastidiarte?

Lucía soltó una carcajada.

-¡Venga, Maite! déjalo, eres de las pocas personas sinceras que conozco y no voy a dejar que te incluyas en la lista negra. Además las rayas blancas y negras del presidio no te quedan bien- Lucía meneó la cabeza- tiene que ser más fácil, a veces lo más evidente está delante de las narices- se dejó caer en el sofá blanco que había en su despacho y al apoyar las manos en el reposabrazos notó algo pringoso- ¿qué es esto?-se miró la palma y la tenía manchada de chocolate. Era reciente. Se incorporó y miró el lateral del sofá- Maite, ¿vino ayer la señora de la limpieza?-

-Sí, claro, como siempre- Maite se acercó al sofá y al ver las manchas oscuras miró a su jefa- eso no estaba ayer ahí-

Lucía asintió.

-Tienen que ser de esta mañana y ni tú ni yo hemos estado comiendo chocolate junto al sofá. ¿Quién más ha estado en mi despacho esta mañana?-

-El ladrón- Maite pronunció las palabras en un susurro y se agachó para ver más de cerca la mancha- por cierto que un ladrón un poco chapucero…

-Bueno- dijo Lucía con un suspiro- todos los delitos dejan  huellas y, en este caso, son huellas de chocolate…

[CONTINUARA]

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