Huellas de chocolate. Capítulo 4

“HUELLAS DE CHOCOLATE”

Episodio 4:  “¿EL LADRÓN TIENE SUS MANOS MANCHADAS DE CHOCOLATE?

Jefa y secretaria observaron las manchitas de chocolate en la tapicería inmaculada del sofá y cuál fue su asombro al descubrir que las manchas continuaban en la moqueta, formando un caminito aquí y allá, aderezado con diminutas virutas de hojaldre…

Hojaldre como las napolitanas de chocolate de su bolso.

-Probablemente el ladrón al sacar el pendrive y las transparencias de mi bolso, se manchó con la bolsa de napolitanas de chocolate que tenía dentro y no se dio cuenta- Lucía escenificó los supuestos movimientos del ladrón- estas manchas en la moqueta llevan hasta la puerta de acceso a tu despacho, Maite- Lucía abrió la puerta y escudriñó la moqueta- ¡Ajá! ¡las manchas siguen por aquí!- se agachó y desde su posición miró toda la estancia- me pregunto por qué el ladrón no saldría por la puerta de mi despacho y en cambio se pasó al tuyo. No sé, es muy extraño, o quizás es una tontería y al final, Juana, la de la limpieza se tomó un bollo ayer por la tarde y dejó el sofá todo pringoso-

No, eso no era posible. La señora de la limpieza siempre dejaba los despachos impolutos.

-¡He encontrado un pelo largo!- exclamó emocionada Maite. Su afición al CSI por fin estaba dando frutos- ¡si encontramos rastros de gomina podríamos demostrar que Óscar estuvo aquí dentro!-

-No creo que sirva-

-¿por qué?-exclamó la pelirroja ajustándose sus gafas y sosteniendo el pelo en sus manos.

-Porque aunque fuera de él, eso no probaría que hubiera cometido el robo. Recuerda que él viene a menudo a hablar conmigo, igual que Elsa-

Maite miró desolada el despacho y volvió a marcar el número de la policía. Lucía seguía mirando el rastro de chocolate de la moqueta y, por el rabillo del ojo, vio una de las ceras que había estado usando Jimena en sus dibujos.

“Jimena”.

-¿Jimena?, ¿dónde estás?-Lucía miró por debajo de la mesa de Maite y detrás del mueble de la impresora  pero su hija no estaba allí.   Con lo del robo se había olvidado de ella. ¡Era imperdonable!. La niña había estado  dibujando un rato antes pero, ahora, no había rastro de ella. Después de lo que había sucedido aquella mañana, Lucía podía imaginar cualquier cosa. ¿Y si la habían secuestrado?. Quiso gritar el nombre de su hija pero tenía tal nudo en la garganta que le fue imposible.

Cuando el pánico parecía haberse apoderado de ella, percibió un olor a chocolate, delicioso, flotando en el ambiente. No podía ser un ambientador porque Maite los ponía con aroma a fresa y éste era uno inconfundible de cacao. Lucía se dejó guiar por su increíble olfato, caminando despacio por la moqueta, dejando atrás la mesa, las sillas, los muebles, y se detuvo frente al pequeño armario empotrado donde Maite colgaba los abrigos de los clientes.

La puerta estaba entreabierta y la luz de su interior encendida…

-¡Jimena!¿qué haces aquí?- exclamó la madre abrazando a su niña- ¡me has dado un susto tremendo!- tenía que haberlo supuesto: desde que su hija vio “Las Crónicas de Narnia” no hacía más que esconderse en los armarios con la esperanza de entrar en el mundo de la fantasía.

-Lo siento mamá-respondió ésta con una sonrisa. Tenía los mofletes cubiertos de chocolate y parte del vestido.

-¡Pero cómo te has puesto!¿cómo es posible…?- Lucía se interrumpió al ver las manchas de chocolate– hija, ¿tú te has sentado esta mañana en el sofá blanco de mi despacho a comer chocolate?-

-Más o menos- respondió Jimena bajando la vista- siento haberlo manchado mamá- y al ir a abrazar a su madre, algo se  le cayó de su mano.

Un pendrive…

– ¿De dónde has sacado esto?- Lucía palideció. Era su pendrive. Miró por encima del hombro de su hija y, desparramadas, debajo de unos abrigos, estaban las transparencias de su trabajo junto a la mochila de “La Bella Durmiente”. ¡Todo estaba allí y la ladrona había sido su hija!. Alivio y enfado se agolparon en su mente y no sabía bien cómo reaccionar. Miró severamente a la niña- ahora me vas a explicar qué estabas haciendo con el trabajo de mamá.

-Yo… lo cogí del suelo- dijo Jimena. Vio que su mamá estaba enfadada y no entendía por qué.

-No me mientas Jimena, esto-dijo señalando el pendrive y las transparencias- estaba en el bolso-

-Estaba en el suelo y lo descubrí mientras jugaba al escondite-insistió la niña cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.

Lucía no estaba para perder el tiempo. Estaba enfadada con su hija porque le había mentido descaradamente y ni siquiera estaba dispuesta a reconocerlo aunque la había pillado con las manos en la masa.

-Vamos, levántate de ahí, está muy mal lo que has hecho. No debes tocar las cosas de mamá. Después hablaremos en casa- cogió a la niña del brazo y entonces reparó en unos objetos que había en el suelo del armario.

Un llavero de oro macizo y un pendiente…

¡El llavero de Óscar y el pendiente de Elsa!.

-Jimena, ¿¿ pero qué haces con todas estas cosas??-  preguntó con voz temblorosa. No podía creer que su hija fuera una aprendiz de “Marnie la Ladrona”.

-El llavero se le ha caído al señor que entró en tu despacho cuando tú no estabas y, el pendiente…- la nena titubeó- el pendiente me lo encontré en la alfombra…-

A Lucía se le hizo un nudo en el estómago. Se sentía como si se hubiera zampado un paquete de galletas de chocolate caducadas.

-A ver, a ver- dijo Lucía muy despacio, sosteniendo en una mano el llavero y en la otra el pendiente- vamos a empezar por el principio, hija mía, porque tu mamá no se entera. ¿Qué hacías tú en mi despacho? ¿y qué es eso de que estabas jugando al escondite?-allí había material para un episodio de Agatha Christie, así que decidió sentarse en el suelo y escuchar atentamente lo que su hija pudiera contarle.

[CONTINUARÁ]

Un comentario sobre “Huellas de chocolate. Capítulo 4

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *