Huellas de chocolate. Capítulo 5

“HUELLAS DE CHOCOLATE”

Episodio 5: LA VIDA ES COMO UNA CAJA DE BOMBONES…

Y Jimena empezó a relatar su historia:

-Cuando tú te fuiste a hablar con la señora esa que os cae tan mal a Maite y a ti…-

-María Antonia-

-Sí, esa, pues yo me quedé en el despacho de Maite y me dio unas cuartillas  para dibujar. Me puse a pintar pero enseguida vinieron unos señores a discutir con Maite por algo de los ordenadores. Creo que les había mandado esa señora, María Antonia- Jimena hizo una pausa para mordisquear una mini napolitana de chocolate, que se sacó del bolsillo de su vestido- entonces, yo aproveché y me colé en tu despacho- miró con culpabilidad a su madre- y busqué la bolsa de bollitos de tu bolso. La cogí y oí que alguien se acercaba a la puerta. Pensé que eras tú y me escondí detrás del sofá para darte un susto. Pero era un señor, el que nos cruzamos esta mañana con el pelo tan pegado que parecía que le había lamido una vaca…-

-Óscar- dijo Lucía mordiéndose el labio para no reírse de la ocurrencia de su hija. Estaba a punto de soltar una risa histérica: todo aquello la estaba desbordando.

-Y se fue hasta tu bolso. Empezó a rebuscar en él y sacó esto, el pinodrai-

-Pendrive- Lucía imaginó a Óscar aprovechando su ausencia en el despacho para apoderarse de su trabajo y sintió cómo la indignación burbujeaba dentro de ella como un cazo de chocolate hirviendo– ¿y qué pasó?-

-Cogió el pendrive y empezó a rebuscar en tus cajones, yo no sabía por qué estaba haciendo eso, mamá, y entonces, volvieron a oírse pasos y voces en el pasillo. Óscar apagó la luz y se escondió debajo de tu mesa. Entraron varias personas, pero no podía verlas, sólo las oía. Eran un señor y una señora. Encendieron la luz. Él señor se parecía al malo de “Perdidos” y la señora era muy joven y guapa con el pelo largo y negro-

“El Sr. Ruiz y Elsa” pensó Lucía.

-Cuando encendieron la luz, Óscar seguía escondido así que yo hice lo mismo y me quedé detrás del sofá blanco. Era como jugar al escondite, mamá, muy divertido. Entonces la señora dijo “no, mejor apaga la luz, que no  nos vean” y la apagaron. Entonces Óscar salió de su escondite y se arrastró por el suelo pero, como estaba oscuro, se chocó contra tu mesita de cristal. Debió hacerse mucho daño mamá, pero no gritó, y luego en silencio salió por la puerta- Jimena tomó aire para seguir- la señora y el señor se quedaron dentro, y hablaron del hotel donde iban a ir por la noche pero la señora decía que estaba harta de ir a hoteles, que quería ir a una casa de verdad y le dijo algo así que cuándo se lo iba a decir a su mujer…aquí me perdí un poco mamá, porque si esta señora ya era su mujer, ¿de qué otra mujer hablaba?-

-Bueno, es que esta señora que tú viste no era su mujer, era una… amiga-

-¿amiga?, pues la debe querer mucho, ¿será también amiga de la mujer de verdad?-

-No, no lo creo, hija-

-¿Y por qué no son amigas?, ¿y por qué se la lleva a un hotel y no a la casa con la mujer? ¿por qué tiene una amiga tan joven?, podría ser su hija. ¿Ese señor es amigo tuyo? ¿papá tiene amigas así?-

-¡Por supuesto que no!- Lucía se sentía aturdida. Cuando su hija cogía carrerilla no había quién la parara y, como era evidente que había cosas que por su edad no entendía, su madre no estaba dispuesta a tener en esos momentos una “charla de mayores”- tú no te preocupes ahora de eso, simplemente cuéntale a mamá que más pasó…-

-Está bien. Los dos se pusieron a reír y entonces se cayó la lámpara que tenías en la mesa, tan bonita, la de los cristales de colores. ¡Me dio un susto! y la señora le dijo a él “vaya, eres un tigre”, pero mamá, yo no vi ningún tigre- dijo Jimena muy seria- y entonces llamaron por teléfono y el señor dijo “es la bruja de mi mujer, no lo cojo”. Mamá, ¿se refería a una bruja de verdad?¿con escoba como Harry Potter?-

-Eso da igual, ¿ y dices que no cogió el teléfono?-

-No, pero entonces, volvieron a llamar y  la música del móvil era distinta y el señor dijo “es mi abogado, ¿qué querrá?”. Lo cogió y le dijo a la señora que se fuera a la reunión. Ella se fue, y debió clavarse algún cristal de la lámpara en el pie porque dijo una palabrota, como las que dice el abuelo cuando pierde el Real Madrid. El señor dijo al del teléfono “¡no me lo puedo creer!” y  después se fue.  Cuando ya no había nadie encendí la luz y vi el pendrive tirado junto a este llavero tan bonito y, cerca de la mesa, en la alfombra, este pendiente. Y me los quedé, para jugar a los tesoros, mamá. Oí que alguien venía, apagué la luz, me escondí y entró otra vez, Óscar. Encendió la luz y se puso a buscar muy nervioso en el suelo donde se había chocado con la mesa de cristal. No me gustó su cara mamá y no quise darle ninguno de los tesoros que había encontrado, así que me colé en el despacho de Maite, donde ella seguía hablando con los señores de los ordenadores y seguí dibujando como si hubiese estado todo el rato allí. No quería que me regañara por haberla desobedecido. Luego  guardé los tesoros en mi mochila de “La Bella Durmiente” y ya está-

“Ya está”. No podía haberlo rematado mejor. Su hija había resuelto el puzzle. Óscar había entrado en su despacho a robarle su pendrive y se había asegurado de que María Antonia distrajera a Lucía en recepción hablándola de tonterías. Pero aquella también se había encargado de distraer a Maite y le había enviado a los informáticos con un montón de reclamaciones evitando, así, que se enterara de las andanzas de Óscar en el despacho de Lucía.

Su plan había salido como él esperaba: había robado el trabajo de su compañera pero la irrupción del jefe y Elsa en el despacho con la intención de pasar un ratito juntos lo  había fastidiado todo. En su huída, se había chocado con la mesita de cristal  y se le había caído el pendrive, las transparencias y su llavero del campeonato de paddle.

Pruebas suficientes para condenarle. Ahora entendía por qué Óscar y su cómplice, María Antonia, la habían mirado con furia en la Sala de Juntas: la furia de no haber conseguido su propósito, de no haber terminado lo que habían planeado, con la humillación añadida de haberse dejado una prueba del delito como su llavero de paddle. Lucía imaginaba que Óscar dejaría de practicar ese deporte durante mucho tiempo.

Lo más gracioso del asunto era que Óscar y María Antonia siempre pensarían que había sido la propia Lucía la que había recuperado las cosas robadas y no su hija de siete años…

En cuanto  al jefe y Elsa, ninguno de los dos se había percatado de la presencia de Óscar y la pequeña Jimena  ya que bastante ocupados estaban en sus cosas…

La lámpara Tiffany había sufrido las consecuencias de su apasionamiento pero una llamada del abogado del jefe había acabado, de golpe, con la cita clandestina. ¿Tendría que ver algo esa llamada con la cancelación de la reunión y la cara pálida del Sr. Ruiz cuando entró en la Sala de Juntas?.

Bueno, eso era algo que ya no le importaba. Su hija había recuperado su proyecto de publicidad y lo que había empezado como una travesura había acabado salvando el trabajo de su madre.

-¡Ya he comunicado con la policía!!¡¡¡ya está!!-gritó Maite corriendo hacia su despacho. Se paró en seco al ver a Lucía y Jimena sentadas en el suelo del armario empotrado, con la luz encendida, y hablando tranquilamente mientras comían unas napolitanas. Reparó en un llavero (¡el de Óscar!), y también en un pendiente que parecía caro, pero lo que la dejó de piedra fue la visión  del  pendrive y las transparencias…-¡OH! ¿PERO QUÉ ES ESTO?-  por fin, la voz de la policía sonó clara al otro lado de la línea y Maite, confusa,  no sabía ni qué decir- Eh, bueno, agente, ha habido un error, me he equivocado- soltó una risita nerviosa- pensé que me habían robado- y miró significativamente a Lucía y su hija- sí, ya sé que no debemos hacer perder el tiempo a la policía… oiga, ¡no me hable de ese modo que llevo un buen rato intentando hablar con ustedes!… –colgó y se volvió a Lucía- seguro que hay una buena explicación para que vosotras dos estéis comiendo bollitos mientras yo me las tenía que ver con la policía ¿verdad?

-Claro que sí, toma uno-le ofreció Lucía- digamos que Jimena ha encontrado el proyecto de su madre y que Óscar me había robado…-

Maite abrió la boca, desconcertada, pero, antes de que Lucía pudiera comentar algo más, recibió una llamada en su móvil:

-Sí, aquí Lucía…-

-Soy Paco, ¿puedes hablar?-

-Sí por supuesto, ¿qué sucede?- Lucía frunció el ceño. ¿Qué querría el Sr. Balmaseda?.

-¿Tienes tu proyecto de publicidad?, me dijiste que habías tenido problemas en tu despacho…

-Sí, pero ya están resueltos- respondió Lucía con una sonrisa y guiñando un ojo a su hija-

-Me alegro porque el barco se hunde y tú eres el mejor marinero-

-¿A qué te refieres?- Lucía puso el manos libres para que Maite también lo oyera.

-Bueno, resulta que tu jefe ha tenido que cancelar la reunión porque ha recibido una llamada de su abogado comunicándole que su esposa pide el divorcio y que lo va a desplumar. Al parecer, la Sra. Ruiz había contratado a un detective y había descubierto que su marido tenía una relación con una empleada de la empresa, Elsa. Como imaginarás, la mujer ha decidido vengarse y, como se casaron en gananciales y él montó la empresa después, ella ha dicho que pretende quedarse con la mitad y hundirle… el caso es que al Sr. Ruiz lo están atendiendo ahora en urgencias… bueno, como diría Forrest Gump “la vida es como una caja de bombones” y a Ruiz hoy le ha tocado uno muy amargo- Paco hizo una pausa- le ha salido caro el lío de faldas, tonto del bote… y, a lo que iba, yo necesito que alguien lleve mi proyecto para la feria de productos de chocolate y había pensado en ti. ¿Te gustaría trabajar para mí?. Siempre me ha gustado tu forma de llevar la publicidad, no como el impresentable de Óscar ni la esnob de Elsa- el Sr. Balmaseda hizo una pausa y luego añadió- Bueno, ¿qué dices?, ah, y también necesitarás una secretaria, así que, si  Maite quiere, también hay un puesto de trabajo para ella. ¿Qué me dices?-

Lucía sabía que no podía dejar pasar aquella oportunidad, era como la lancha salvavidas que recoge a los supervivientes de un naufragio. “La vida es como una caja de bombones” y ese día a Lucía le ofrecían saborear el que quisiera.  Miró a Maite. La pelirroja estaba pensando lo mismo.

-Dalo por hecho, Paco. ¿Cuándo empezamos?-

Después de colgar el teléfono Lucía se sintió ligera como una pluma. Había días anodinos, repetitivos, y había días, como aquel, en que parecía que todos los acontecimientos se agolpaban como una lluvia de lacasitos.

Imaginaba cómo se sentiría Elsa en aquellos momentos. Había hecho una apuesta muy temeraria teniendo una aventura con el jefe de la empresa, arriesgándolo todo para llegar a la cima del poder, pero no había contado con que la esposa del Sr. Ruiz le llevaría la delantera, averiguando los devaneos de su marido y plantándole una demanda de divorcio en las narices que había dado al traste con los sueños de grandeza de Elsa, rompiéndolos en añicos como los cristales de la lámpara Tiffany.

-Hija mía, has salvado el trabajo de mamá, lo sabes ¿verdad?.  Por una vez has hecho bien en desobedecerme- le dijo a Jimena, acariciándole el pelo- si no hubieras ido a  mi despacho a coger los bollitos de mi bolso, no habría podido recuperar mi pendrive…-

-El tesoro-

-Eso hija, el tesoro, un tesoro que le va a permitir a mamá seguir trabajando pero esto no significa que tengas que desobedecerme, me entiendes ¿verdad?-

Jimena miró muy seria a su madre.

-Pero yo no te desobedecí mamá porque desde que salimos de casa esta mañana, tuve un, ¿cómo lo llamas tú?, ah, un presentimiento de que iba a ocurrir algo que te iba a poner triste y, entonces, me dieron unas ganas tremendas de comer chocolate. Por eso me colé en tu despacho. No sé si me entiendes…-

-Perfectamente hija mía- Lucía la cubrió de besos y se maravilló de que su hija hubiera heredado el “gen del cacao”, como lo llamaba ella, ese sexto sentido chocolateado que la advertía de las cosas que podían suceder- bueno, yo creo que por hoy ya hemos hecho bastante. ¿Quieres que te compre algo de camino a casa?-

Jimena sonrió, traviesa.

-Tengo el presentimiento de que esta tarde merendaré tarta sacher, ¿verdad, mamá?-

[CHOCO-FIN]

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